Ayer estaba cerca del mar hablando con unos amigos. Estábamos en la orilla y uno de ellos dice "¿De qué color es el mar?.
Me sentí un poco decepcionada al escuchar.
"No tiene color, es el reflejo del cielo".
Ciertamente es así. Yo lo sabía, ellos lo sabían, todos los sabíamos. Pero en el momento que escuche esa pregunta pensé en lo bonito que sería que fuésemos un poquito más creativos, espontáneos o inocentes y hubiésemos dicho "Es morado", "Es verde", "Es rosado".
Es curioso, a veces desearía volver a ser una niña de siete años. Cuando tenemos esa edad nos creemos todo, todo es genial, todo es de colores y no necesitamos razones o explicaciones del por qué de las cosas. Simplemente están aquí, a nuestro lado, las disfrutamos y es lo que hacen del día a día el mejor lugar del mundo.
No nos preguntamos por qué nos quieren, ni si de verdad nos quieren, solo sentimos que es así y lo agradecemos con esas pequeñas sonrisas de niños que todos adoramos ver. No nos da pena decir nada, un "te quiero" nunca sobra y llorar cuando se nos hace daño no es algo que dudemos en hacer.
Demostramos nuestros sentimientos de la manera más espontánea y perfecta en la que cualquier ser humano podría expresar.
Poco a poco nos vamos volviendo más cuadrados y racionales. Creo que es mejor mantener un poquito ese niño interno, dejarnos sorprender por los pequeños detalles que el mundo nos ofrece, como las apuestas del sol, lo bonito de las flores que nos rodean, la sensación de relajación y libertad que la brisa nos otorga.
Ser felices con las porciones de alegría que nos brinda la vida diariamente, cuando alguien te sonríe sin razón, cuando logramos comernos ese dulce que tanto habíamos esperado en el día y el sabor se expande por nuestra boca o cuando hacemos aquello que nos encanta, ese hobby que nos vuelve locos, que nos apasiona, que nos llena de satisfacción.
Veamos la vida de diferentes colores, nunca es tarde para empezar a soñar :)
¿Y para ti de que color es el mar?
Dew <3