miércoles, 19 de diciembre de 2012

Sobre la normalidad y otras cosas transparentes

Generalmente, todos buscamos parecer "normales". Seguir un patrón fijado desde el momento en el que nacemos. Pasear por el camino de la vida, alcanzando las metas fijadas por la sociedad actual.

¿Qué es realmente la normalidad? No más que una percepción de lo que creemos correcto.

Se piensa que lo normal es lo correcto y lo anormal, lo incorrecto.
Aquí entra en juego todo un sistema de valores, principios y creencias.

¿Qué es lo correcto? ¿Qué es lo incorrecto? y la pregunta más importante...¿Quién lo define?
¿Quién dice que algo debe de ser así y que su opuesto va en contra de las reglas?

Los conformistas se harán esta pregunta y decidirán seguir participando del misterioso y confuso juego que es la vida.
Los revolucionarios buscarán cambiar el sistema actual y reemplazarlo por el que ellos creen más adecuado.

¿Existe un lugar entre ambos extremos?

¿Podemos vivir nuestra propia sociedad dentro de una más grande? Es decir, crear nuestro propio sistema de valores, nuestra propia "normalidad" dentro de la "normalidad" aceptada por los otros.

Yo creo que sí. Es más, creo que llega un punto en que esa normalidad tuya, tan propia, tan característica de ti, te hará sentir tan a gusto que llegará un momento en el que ni siquiera te importará aquella que otros aceptan.

Muy probablemente, los conformistas y los revolucionarios te criticarán y condenarán por atreverte a hacer lo que ellos no: elegir tu vida sin la necesidad de afectar la de los demás.

De eso se trata. Vivir y dejar vivir. Sentir y dejar sentir. Caminar mientras otros eligen otros caminos sin la necesidad de preguntarte "¿estará bien lo que estoy haciendo?" por el simple hecho de que esa decisión es diferente a la aceptada.

En este punto, ya la palabra "aceptación" pierde hasta su significado. Aceptar, aceptar. ¿Aceptar qué? Si todos vivieran su vida no habría necesidad de aceptaciones.

Una vida sin normalidad y sin aceptación. Es la mejor forma de vivir.

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